Padre Mariano Cinquemani

Padre Mariano Daniel Cinquemani Salomón, nació el 4 de agosto de 1970 en la ciudad de Mendoza, lugar de donde también su familia es oriunda. Es el primer hijo de Carlos y Elena, sus hermanos son: Mónica, Andrea y Fernando. Su vida ha transcurrido en la ciudad de Mendoza. Su colegio de estudios primarios y secundarios fue Santo Tomás de Aquino, luego estudiante de Ingeniería Industrial en la UNC hasta tercer año, momento en el que ingresa al Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Rosario. Tras ser ordenado sacerdote, su formación académica continuó en la Universidad Alfonsiana de los Padres Redentoristas en Roma, con la licenciatura en Teología Moral.

El llamado sacerdotal se dio a los 21 años atravesando un proceso de discernimiento en torno a la carrera elegida. Se define como un aficionado a las matemáticas y la ingeniería pero descubría en él capacidades humanas que lo llamaban a ser sacerdote. Su familia había acompañado el ingreso al seminario de su primo Marcelo, hoy también sacerdote diocesano y participaban de la misa dominical sin involucrarse en la vida parroquial. Dios había sido muy generoso con él y descubre que lo sigue siendo en su vida sacerdotal.  Se ordenó diacono el año 2000 y sacerdote el 19 de marzo del año 2001, siendo parte de la Parroquia Nuestra Señora del Socorro de Tupungato. Su texto de ordenación sacerdotal es del salmo 137 “El Señor completará sus favores conmigo: Señor tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.

Como sacerdote no se considera un sacerdote hecho ni un maestro, por el contrario, un discípulo abierto a la obra de Dios. Tiene una buena relación con los hermanos curas y reconoce que hay algunos sacerdotes y seminaristas con los que tiene un vínculo más estrecho. Predicar y enseñar es algo que mueve su ser sacerdote, le apasiona predicar y comunicar el mensaje, el cual previamente lo ha rezado y pasado por el corazón. Siendo un apasionado de las Sagradas Escrituras, Padre Mariano las medita y reflexiona con el método de la Lectio Divina y acompaña su oración con textos de los padres de la Iglesia, de diversos comentaristas y de la ciencia moderna. Prefiere apartarse, tal cual lo hacía Jesús, en la montaña, lugar donde sintió y confirmo su sí al sacerdocio.

Su designación como párroco del Líbano le generó sorpresa pero también emprende el camino con mucha paz. Se siente bien trabajando con todas las etapas de la vida, valorando la sabiduría de los adultos mayores, la vitalidad y energía de los jóvenes, la madurez de los adultos y la inocencia de los pequeños. Se propone primeramente, dejarse guiar para conocer la actividad de la comunidad y también aprovechar la experiencia que le ha dado sus años de sacerdote.

Está convencido que Dios lo quiere sacerdote y si volviese a nacer elegiría nuevamente esta vocación.