La primera década del año 1900 puso el marco temporal para que un grupo de familias inmigrantes de El Líbano, impulsadas por su afán de engrandecer nuestra ciudad, conservar su cultura y manifestar su fe, adquieren un terreno sobre la calle 25 de mayo en nombre de la Sociedad Libanesa, en el cual al poco tiempo se destaca la construcción de una capilla dedicada a la Sagrada Familia y bajo la protección de San Marón. Ese tan querido lugar fue equipado con la colaboración de toda la colectividad que se congregaba cada vez que algún misionero maronita venía a atender en unos pocos días las necesidades de esta comunidad.

En el año 1943, el Centro Libanés, viendo la necesidad de ofrecer a sus hijos y demás vecinos un lugar de formación especial deciden fundar un nuevo colegio.  Se consigue así la aceptación por parte de la congregación de la Hermanas Vicentinas que en febrero de ese año abren las puertas del actual Instituto San Vicente de Paul, funcionado en las instalaciones cedidas en préstamo que el centro poseía junto a la capilla Sagrada Familia. Para el acompañamiento espiritual de la congregación es nombrado como capellán de las hermanas el P. Antonio Insa. Esta nueva acción redundó en el fortalecimiento de la comunidad escolar y futuro parroquial. En poco tiempo las hermanas, con el apoyo de la colectividad junto al resto de los vecinos, comienzan con la construcción de un edificio nuevo en un terreno donado a pocos metros de la capilla.  Corría el año 1945.

La Sociedad Libanesa volvió a encontrarse nuevamente con las instalaciones vacías y ahí surge definir qué hacer con aquellas, especialmente con la capilla, ya que el colegio contaba con la propia que reunía a la comunidad escolar. Quedan en mi memoria de adolescente aquellas acaloradas reuniones nocturnas en casa donde se trataba de definir el futuro de la capilla… desde salón de baile, hasta quizás demoler para nuevas construcciones… pero quizás ya el Señor a través de su Madre había decidido por todos…

Así pues, el mismo Centro Libanés presidido por Felipe Mallar, junto a otros miembros de la comisión, viendo la necesidad compartida por muchos cristianos y por el obispado de Mendoza de crear una nueva parroquia en San Martín, le ofrece en donación en el año 1951 la parte de la capilla Sagrada Familia con la condición de que la nueva parroquia lleve el nombre de «Nuestra Señora del Líbano». El Arzobispo Monseñor Alfonso María Butteler acepta este ofrecimiento y decide comprar el resto del terreno para la construcción de la nueva sede parroquial encargando a la Congregación de Misioneros de San Carlos Borromeo (Scalabrinianos) su conducción.  Para la Navidad de ese mismo año envían al Padre José Favarato con la misión de preparar la venida del primer párroco. Esta designación recae en el Padre Lino Ceccato, quien se hace cargo de la comunidad el 24 de febrero de 1952. Al poco tiempo viaja junto a mi padre a Buenos Aires con la intensión de adquirir la imagen de Nuestra Señora que es tallada en madera. También en esa oportunidad se compra la gran Custodia para el Santísimo Sacramento. Desde entonces se fue cimentando en unidad, trabajo y oración la nueva comunidad en torno a la capilla maronita como primer templo parroquial.

El 24 de octubre de 1954 es nombrado párroco el Padre Luis Conte. Viendo la necesidad de un nuevo templo, el Padre Luis con el apoyo de todo el pueblo, comienza su construcción el 11 de agosto de 1957 dedicándolo a Nuestra Señora del Líbano.

El nuevo templo se inaugura, aunque no terminado, el 15 de agosto de 1959. El proyecto original incluía una gran cúpula donde rematan las columnas centrales y un campanario al frente, que se fueron postergando ya que otro emprendimiento del padre Luis ocupó toda su atención: la construcción del propio colegio parroquial a partir de marzo de 1962.

Desde el 4 de octubre de 1964 asume como párroco el P. Angel Girardi, quien le da un fuerte impulso a la edificación de la escuela.   En el año 1966, un conjunto de hijas de libaneses, entre las que se encontraban Emilia Llaver, Sofía Morcos, Ema Farés, y otras; realizamos una serie de eventos porque necesitábamos juntar una importante suma de dinero para donar la imagen realizada en mayólica que corona el atrio del nuevo templo.

El P. Ángel es reemplazado el 14 de febrero de 1971 por el P. José Guadagnini. Posteriormente, a partir del 9 de julio de 1972 asume el P. Ángel Bontacchio, quien sería el último sacerdote de la congregación Scalabriniana antes de pasar al clero diocesano… durante este tiempo compartió junto a nosotros parte de su vida misionero, el P. Tarcisio Rubín, Siervo de Dios.

Muchas son las diferentes asociaciones eclesiales que se formaron y contribuyeron a consolidar la fe de la comunidad… dos fueron las que concentraban la mayor parte de fieles: la Acción Católica y el Apostolado de la Oración. Este último grupo fue el que gestionó la adquisición de la imagen del Sagrado Corazón que se ubica a la izquierda del altar.

Quizás muchos de nosotros podamos enriquecer con nuestras propias experiencias estas vivencias; porque esta vida, nuestra vida parroquial, no es más que el fruto de cada una de las buenas voluntades que en respuesta al llamado de la fe busca formar parte de esa gran familia, la Iglesia. Pidamos a nuestro buen Padre, por medio de Nuestra Señora del Líbano, a seguir siendo fieles a este llamado de Jesús a ser una verdadera familia, que cree, que espera y que ama…