“El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Jn. 20, 1

Querida comunidad, compañeros de aventura: ¡Paz y alegría en Cristo Resucitado!

La fiesta de la resurrección de Jesús celebra el triunfo de la vida contra todas las fuerzas que se oponen a ella. Por eso, el centro de la fe cristiana no consiste en celebrar la memoria de un héroe muerto, sino la presencia de uno Vivo y Viviente en el que se reveló para todos nosotros, el sentido último de la vida.

La dificultad principal no está en saber si creemos en la resurrección – ¡y ya es dificultad! – sino en saber si tenemos ganas de resucitar; porque para tener ganas de resucitar es necesario que tengamos antes ganas de vivir. Antes de creer en la resurrección necesitamos nacer a una vida que deseemos prolongar por toda la eternidad. Nuestra esperanza de resucitar depende estrechamente de nuestra capacidad de amar.

Vivir esta Pascua supone, por ejemplo, el esfuerzo por cambiar, por pensar de nuevo las cosas como si hoy comenzáramos a hacerlas, como si todo lo ya hecho fuese sólo un peldaño en el camino a nuestra plenitud de vida.

En este sentido, hoy podemos preguntarnos: ¿Cuál es la pascua o “paso” que debemos dar este año? ¿Trabajamos en la comunidad con alegría, con espíritu de comprensión, con respeto mutuo, con espíritu de diálogo, con ganas de aportar sentimiento, pensamiento y acción al proyecto común?

Dice el gran pensador Miguel de Unamuno: “Yo no sé si se demuestra la esperanza ni sé si la merezco; lo que sí sé es que la necesito”. Hoy debemos interiorizar la Pascua, traducir el testimonio de los textos bíblicos en una forma de vida capaz de ilusionar y esperanzar a cuantos viven en nuestra sociedad.

¿De qué sirve tener Esperanza si no podemos dar razones de ella? Sólo eso deseo. Con estas palabras simplemente quiero agradecer y atestiguar.

La Pascua nos dejó a María como madre, como reina y señora nuestra. Que sea fiel guía en el camino hacia la paz de la humanidad. A no bajar los brazos. ¡Felices Pascuas!

Padre Mariano Cinquemani