Con la alegría de ser y sentirnos familia, el día de nuestra fiesta patronal llegó. Una mañana cuyo cielo celeste se hacía uno con el celeste del manto de Nuestra Madre. El sol, grande y brillante, iluminaba aún más el rostro de María, la madre del Maestro. Ella y el pueblo a quien convoca recorrieron las calles de San Martín rezando por todos, por la Patria, por los que están solos, por los que no les es permitido nacer, por los niños y por los que necesitan de la misericordia de Dios… por todos.

Tras un poco más de treinta minutos de procesión, llegamos al templo parroquial, la casa de nuestra Madre del Líbano. La entrada de María a su casa renovada y embellecida gracias al esfuerzo y el apoyo de muchos, es más que llegar a cualquier lugar, es llegar a casa, hacerle lugar entre nosotros para que sea ella quien ingrese, representa el sentirnos hijos confiados a María y a su intercesión, es dejarla ser Reina y Señora Nuestra.

El Padre Mariano celebró su primer misa en honor a Nuestra Señora del Líbano. Él, en su homilía, nos recordaba que la fiesta patronal es un tiempo especial que Dios ha creado para la comunidad del Líbano y mostrarnos de un modo especial su amor.

Nos invitaba a pertenecer a Dios, a tener nuestros pensamientos en Él como la virgen lo hizo especialmente. También nos invitaba a mirarla a ella de un modo especial para saber qué es pertenecer a Dios. De esta manera observar las manos, los ojos y sobre todo el corazón de la Virgen. Sus manos siempre extendidas hacia nosotros generando espacios, manos que saben dar y darse. Sus ojos siempre supieron mirar adentro pero también estuvieron puestos en la comunidad y atentamente miran nuestro andar. Su corazón, es el más difícil de ver pero siempre está y late al ritmo de nuestra comunidad. Para terminar, fuimos invitados a mirar nuestras manos, nuestros ojos y nuestro corazón y así poder pertenecer a Dios.

Terminada la celebración de la misa, jóvenes de la parroquia sirvieron chocolate caliente y tortas realizadas por distintos miembros de la comunidad.

Con el corazón lleno de alegría, celebramos un año más a nuestra madrecita, haciendo memoria agradecida de lo vivido y confiándonos a su tierna protección.

 

¡FELIZ DÍA MADRE NUESTRA!