Por séptimo año consecutivo, más de 150 jóvenes nos reunimos a vivir la experiencia de una Semana Santa Distinta, desde el miércoles 17 hasta el sábado 20 de abril, en el colegio del Líbano.  Pero ¿porqué DISTINTA? Porque en vez de disponer esos días a descansar, o “ponernos al día con la facultad/escuela”, entre otras; lo que realmente dispusimos fue el tiempo y el corazón al acompañamiento de Jesús, no sólo en su pasión, muerte y resurrección; sino en los hermanos que lo necesitan y no saben cómo llegar a Él. “Hacer el BIEN, que es lo que quedará en nuestros corazones y en los de quienes visitemos.”

Comenzamos nuestra semana con la misa del Miércoles Santo, la sopa de los pobres y luego de éstas, una formación sobre La Semana Santa y destacando en particular el Jueves Santo, dictada por el Padre Mariano Cinquemani, quien nos animó a “Dejar que Dios sea Dios, sin ponerle expectativas”; dejando de lado aquellos pensamientos y prejuicios sobre lo que nos podíamos encontrar durante la misión. Cada grupo fue acompañado por un Santo, como Madre Teresa de Calcuta, Cura Brochero, Ignacio de Loyola, etc.

“Fascinados por Cristo, servidores como María” fue el lema que nos acompañó durante todos estos días. Y es en nuestra Madre que vimos la imagen de discípulos que queremos ser. Atentos al llamado de Dios, confiar en su promesa y estar firmes al pie de la cruz. Gracias Madre por caminar con nosotros esta semana, y enseñarnos que el servicio es caridad, y que en la caridad siempre tendremos un lugar de encuentro con Jesús.

Cada tarde, contábamos con una formación de lo que íbamos a anunciar a la mañana siguiente. Tuvimos la ayuda y compañía de un seminarista, Franco Alcaraz, que nos formó a los agentes de pastoral que estábamos viviendo la Semana Santa. Es decir, había catequesis acorde a los procesos de Fe de cada persona; una para jóvenes que iniciaron hace poco el catecumenado, y otra para quienes ya llevamos más tiempo en la parroquia. Y fue así que cada joven, formado y con herramientas misioneras, sintió el gozo de anunciar a un Dios que nos amó hasta el extremo, y dio su propia VIDA por nosotros. No fueron días grises y tétricos. Si bien recordábamos el dolor de Jesús, no dejamos que eso fuese lo que nos representara al salir a misionar; sino más bien la alegría y la esperanza de la resurrección.

También tuvimos la gracia de compartir el Vía Crucis que organizaron las tres parroquias de San Martín, y al finalizar éste pudimos disfrutar de la música de la orquesta del departamento, que nos ofrecieron un repertorio de Semana Santa en la parroquia Nuestra Señora del Carmen.

El Sábado Santo fue el día más esperado. Ya al amanecer se palpitaba la emoción, a pesar del cansancio, y la certeza de que pronto celebraríamos la Resurrección de Jesús. Ansiedad, alegría, y algo de nostalgia porque también se nos acercaba la hora de despedirnos de la convivencia de éstos días. Pero con los corazones cargados de AMOR nos encaminamos a la celebración que más deseábamos vivir. Y fue en ella que renovando nuestras promesas Bautismales le dijimos nuevamente SI a Dios, queriendo comprometernos con el anuncio de su Palabra.

Todos estos días de preparación culminaron con el regocijo de sentirnos rebalsados del Amor Infinito de Jesús y de la esperanza de la Vida Eterna. Nos llevamos a Jesús Vivo,y queremos hacerlo vivir para siempre en nuestros corazones y de quienes ahora nos encontremos en el día a día; familiares, amigos y desconocidos. Queremos hacer de nuestras vidas una Semana Santa; que no quede sólo en estos días como una experiencia más. Sino que cada día al despertar, abramos los ojos y el corazón al encuentro con Dios Vivo y Presente en medio nuestro.

¡GRACIAS! A todos los que hicieron posible que esta SSD fuese tan especial para nosotros. Al grupo San José y los padres que nos prepararon con mucho amor esas comidas deliciosas; al Padre Mariano y a Franco que nos acompañaron y caminaron con nosotros el camino de la cruz, a los coordinadores que organizaron y estuvieron para nosotros ante cualquier eventualidad o duda. A los catequistas que misionaron con los chicos. Y principalmente GRACIAS A DIOS, por su Amor y Misericordia, por darnos la gracia de tener estos espacios que son un oasis para el alma, por salir a nuestro encuentro en cada hermano, y por quedarse con nosotros en cada Eucaristía “misteriosamente escondido, pero verdaderamente presente”.