Dentro de la Iglesia Católica existen distintos movimientos. Los movimientos o carismas son “anteojos” para ver y vivir una misma Fe de una manera especial. Algunos de ellos son La Legión de María, el Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima, el Movimiento Carismático, entre otros.

Un movimiento muy importante dentro de la Iglesia es el de los Focolares, cuyo ideal es el de la unidad.  Tiene el objetivo de cooperar en la construcción de un mundo más unido, impulsado por la oración de Jesús al Padre “para que todos sean uno” (Jn 17,21), en el respeto y valorización de las diversidades.

El movimiento cuenta, en su interior, con cristianos de muchas Iglesias y comunidades cristianas, fieles de otras religiones y personas de convicciones no religiosas. Cada uno adhiere a él en sus fines y su espíritu, en la fidelidad a la Iglesia de cada uno, o al credo de cada uno, y a su conciencia. 

En el movimiento existen ciudadelas llamadas Mariápolis, lugares donde se invita a jóvenes y familias a conocer el carisma de los Focolares, animándolos a vivir según la ley del Amor evangélico. Las distintas personas que realizan la experiencia de vivir en la Mariápolis y viven el ideal, se los llama Gen, de generación. Se dividen en Gen 1 , Gen 2 , Gen 3 , Gen 4 según las distintas edades.

Una joven de nuestra parroquia ha estado conviviendo en la Mariápolis Lía de Buenos Aires en el último tiempo. Ana Paula, realizando la experiencia de un año. La invitamos a compartir su testimonio.

“Mi nombre es Ana Paula, tengo 19 años y estoy por comenzar a estudiar profesorado de filosofía.

Cuando me pidieron escribir este artículo, me sorprendí y con alegría en el corazón dije que sí con el deseo de donarles lo que fue para mi vivir en la Mariápolis Lía, ciudadela ubicada en Junín de Buenos Aires.

Todo comenzó en abril del 2017 a través de un discernimiento acompañado por el Padre Mariano Carrizo, que tuvo como fruto ir a vivir a la Ciudad de María.

Desde febrero del 2018 hasta fines de enero de este año estuve viviendo en ese lugar. Éramos aproximadamente 140 personas incluyendo familias, adultos y jóvenes de 22 nacionalidades diferentes con distintas vocaciones, credos y culturas, teniendo en común la Regla de Oro: “Todo lo que ustedes desearían de los demás, háganlo con ellos: ahí está toda la Ley y los Profetas.” (Mt 7, 12) y así vivir la fraternidad universal que tiene como Ideal el Movimiento de los Focolares.

Conviví con chicas de Estados Unidos, Paraguay, El Salvador, Italia, Brasil, Alemania, España, Líbano, Venezuela, Colombia y diferentes provincias de Argentina. La convivencia en las casitas donde viví, fue enriquecedora porque me invitó a una vida de unidad en toda circunstancia que me encontraba: con alegría, con dolor, enojo, crisis, etc. teniendo como herramienta a la comunicación y al diálogo para expresarme y no reprimir ni minimizar lo que sentía, pensaba y hacía.

La formación que recibí en la Mariápolis fue completa y amplia. Pude profundizar en temas actuales del mundo, historia de la iglesia y del movimiento de los Focolares y también en experiencias vividas en mi historia personal. Adquirí libertad teniendo como acompañantes a las focolarinas y a los focolarinos que mostraron y generaron disponibilidad en escucharme y vivir conmigo los momentos que estaba pasando.

La formación que me brindó la ciudadela pasó también por el trabajo, que me ayudó a adquirir responsabilidad en lo que me tocaba hacer y juntos aprender dejándonos enseñar y recomenzar.

Durante el año estuve trabajando en Línea, donde realizábamos generalmente artículos, en tela, para el hogar y para niños.

En el mes de septiembre preparamos una jornada llamada Fiesta de los Jóvenes, teniendo como lema: Sé protagonista, hasta el último minuto. En esta fiesta a través de una obra de teatro, canciones, bailes y puesta en escena presentamos distintas experiencias que tuvimos en algún momento de dificultad en la vida y del cual pudimos de la Luz, abrazando esa realidad eligiendo ser protagonistas dando cambios a la historia para seguir escribiéndola.

Es difícil poner en palabras todo lo que viví en un año, intenso de emociones, crisis de todo tipo, desapegos, muchas preguntas, elecciones, pero sobretodo fue un año de Luz en el que siempre me sentí acompañada por las personas que me rodeaban en lo cotidiano y por las que se encontraban a la distancia: mi familia, amigos y ustedes, comunidad del Líbano.

Para finalizar les dejo un breve relato de mi experiencia y les agradezco cada oración, mensaje, regalo y acto de presencia que tuvieron conmigo.”

 

EXPERIENCIA DE EXPERIENCIAS

Me fui buscándome.

Me fui corriendo, siguiendo un Ideal.

Me fui soltando, me fui creyendo.

Me fui perdiendo, me fui ganando mi corazón.

Me encontré, conmigo misma en otras personas. Hallé esperanza, amor, diversidad, seguridad, libertad.

Aprendí y enseñé.            

Caminé, corrí, salté y volé. Viví.

Toqué fondo. Lloré. Dudé. Volví a empezar. Me encontré. Florecí.

A veces alejarse, te acerca.

Por mas absurda y compleja que sea la vida es perfecta.

Nada termina cuando vivís en serio.

Encontré en mí y en cada persona que me rodeaba lo que necesitaba.

Me enamoré. Si, me enamoré de miradas, sonrisas, abrazos, encuentros, recomienzos, historias y especialmente de esa Luz que está en cada uno, independientemente de la nacionalidad, cultura, religión, edad y gustos que tenemos.

Después de una larga aventura, regresé a casa.

Es momento de ser protagonista, dando todo hasta el último minuto. No estoy sola. Tengo hermanos en todo el mundo. Crecimos juntos. Elegimos seguir el camino dando esa Luz que vive en cada uno. Abrazando dificultades y dolores, que son parte de la vida, sin la presencia de éstos, no encontraríamos fortaleza en nuestras debilidades y tampoco estaríamos viviendo por algo.