La Eucaristía es un sacramento que contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo, sangre, alma y divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

Jesús, al instituir la Eucaristía tuvo tres propósitos:

  • permanecer en medio de nosotros;
  • ser el alimento espiritual de nuestras almas;
  • dar a su Iglesia un sacrificio visible verdadero y digno de la majestad infinita de Dios.

En la Santa Comunión recibimos a Nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La Sagrada Eucaristía contiene a Cristo mismo, nuestra Pascua.  La Eucaristía es “fuente y cima de toda la vida cristiana” (LG11). Ella significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma.

En el corazón de la celebración de la Eucaristía se encuentran el pan y el vino que, por las palabras de Cristo y por la invocación del Espíritu Santo, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. (Cf. Cc. De Trento: DS 1640; 1651). Si se parte la Eucaristía, de ningún modo se parte el cuerpo de Cristo, que está presente en su totalidad en cada fragmento de la hostia.

La sagrada comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo acrecienta la unión del comulgante  con Dios, le perdona los pecados veniales y lo preserva de pecados graves. La sagrada Eucaristía es ofrecida no sólo en reparación de los pecados de los vivos sino también de los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales. El que quiere recibir a Cristo en la Comunión  eucarística debe estar en estado de gracia, de allí que sea necesario recibir antes la absolución de los pecados en el sacramento de la Penitencia o Reconciliación.

Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor.

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